¿Arboles de plástico falsos, o verdaderos jardines naturales?

Analogía jardinera de la inmortal canción de Radiohead, Fake Plastic Trees

Arboles de plástico artificiales (Fake plastic trees) es el título de una maravillosa canción de la banda británica de rock alternativo Radiohead, escrita por su vocalista y compositor principal Thom Yorke, en el año 1995. Han pasado 18 años desde entonces y este grupo sigue siendo un referente musical para los grandes músicos de hoy. Pero la letra que escribió Tom York tiene una vigencia casi premonitora.

Hoy me viene al pelo el desgarre pesimista del personaje de la canción, que se lamenta de la invasión de las cosas falsas (de plástico) que compramos para dejar de ser nosotros mismos. Según el autor, las falsificaciones llegan al fondo de nuestro alma cambiándonos, y al amor de goma donde nos comportamos según el molde,  haciéndolo parecer real. Pero le consume ver lo difícil que es huir de de esa irrealidad tan simple y por eso está triste.

Podríamos decir que la filosofía de la canción dice que no podemos ser lo que los demás esperan de uno. Análogamente, distinguimos un gran número de jardines que quieren ser y no pueden. Jardines creados en moldes tiernos de abundante agua esclavos de su condición plastificada,  obligados a vivir con abonos químicos potentes, sistemas de riego persistentes y tratamientos plaguicidas y herbicidas exterminadores, lejos de su emplazamiento natural. Cuadruplicamos los costes de mantenimiento y nos aburrimos intentando mantener firmes estas estructuras desnaturalizadas.

He visto jardines cociéndose en charcos al sol con sus plantas huecas y deformadas, siempre a punto de desvanecer, demandando más y más para intentar dejar de ser falsificaciones, sin poder huir a su entorno impuesto. Quieren salir de la sombra y se alargan deformes hacia ningún sitio, o se consumen al sol abrasador hasta desaparecer bajo la tierra. Sobrealimentadas, infladas, obesas, obligadas a crecer en tiempo récord. Y es muy difícil y costoso mantenerlas ahí para satisfacer nuestro capricho.

Un buen sistema de riego, bien planificado, bien situado y bien programado, nos debe ahorrar tiempo y dinero, así como mantener a las plantas en perfecto estado de salud y desarrollo. Un buen abono fertilizante, suministrado en el momento adecuado y con la cantidad precisa, mantendrá nuestras plantas fuertes y preparadas ante los invasores y depredadores. Y un buen emplazamiento de la planta, en el lugar adecuado con el sustrato adecuado y con la luz adecuada se comportará de forma generosa ofreciendo sus mejores cualidades. Cuando descuidamos cualquiera de estos factores, ya sea por exceso o por carencia, es cuando empieza el círculo vicioso; más agua, más nutrientes, más plagas, más tratamientos, más plantas, más dinero…

Los jardineros y los coleccionistas de plantas, los amantes de la naturaleza y los defensores de lo auténtico estamos aprendiendo que los jardines más bonitos y agradecidos, los que nos ahorran preocupaciones y nos enseñan sus preciosos ciclos dinámicos de formación, floración, fructificación etc., y los que a penas precisan aportes artificiales, son aquellos en los que las plantas son tratadas por su condición natural, respetando su procedencia y comportamiento, sus necesidades y características. Esos jardines son los verdaderos paraísos naturales.

Jardín de espectacular diseño contemporáneo y perfectamente integrado en la naturaleza

Cuando los expertos nos hablan de jardines sostenibles y ecológicos, de bajo mantenimiento y de fauna auxiliar, es porque ellos ya han experimentado las grandísimas ventajas que proporcionan este tipo de jardines y esta forma de relacionarnos con la naturaleza. Disminuyen los gastos de agua, el número de plagas y enfermedades y la constante sustitución de marras (plantas muertas), entre otras muchas virtudes generosas.

Grandes corporaciones, instituciones y comunidades derrochan desmesuradamente en escaparates de plantas dispuestas de forma artificial sin caer en la cuenta del déficit que  les supone influyendo directamente en el resultado final de nuestros paisajes, nuestras tendencias y nuestros estilos naturales. Y esto me pone triste, como al personaje de la creación de Radiohead.

Como jardinero y amante de lo natural, es imprescindible para mí dejar constancia de esta influencia que nos eclipsa y se distancia de nuestras verdaderas identidades. No quisiera parecer extremista ni dogmático negando la capacidad humana de transformar su entorno para hacer un lugar más bonito y agradable donde vivir, es una gran virtud propia de la inteligencia humana. Pero creo que hay que hacerlo sin perder de vista la perspectiva de que esa transformación no implique también olvidar lo que amamos, lo que somos, y lo que comprometemos.

Dar la vuelta a esta situación artificial, volviendo a lo verdadero, a lo genuino y auténtico, mimando lo que tenemos y amando lo que somos realmente, está ocurriendo. Por suerte tenemos multitud de estudios y referencias de científicos, paisajistas botánicos y grandes jardineros que están influyendo con fuerza en las nuevas tendencias y estilos en los jardines y paisajes de todo el mundo.

Jardín Botánico de Barcelona

Hemos aprendido a dar formas, texturas y colores a nuestros jardines sin comprometer la salud de las especies que escojamos, sin necesidad de prescindir de ello por las molestias y el derroche que antes ocasionaban, y sin desistir al estilo que más nos guste. Jardines naturalistas, clásicos, urbanos, contemporáneos, rurales o monumentales; todos tienen cabida. Antes abandonábamos la idea de tener una jardín en casa hartos de trabajo y dificultades. Ahora, cada vez más, la gente se anima a tener su trozo de naturaleza en casa, y no como un decorado plastificado para mostrarse al mundo, sino como un espacio para disfrutar y sentirse más vivo y auténtico y respetuoso con el medio ambiente. Y esto me anima, me da fuerzas y me pone alegre.

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